Muestra introductoria del libro «UTOPHY»

[…] *boom* – Sonó una explosión tras otra, una tras otra, teníamos miedo, no sabíamos que estaba pasando…

-¿Hola?…

-¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

-Sí, ¡soy yo, Mark!

-Joder, que coño esta pasando. ¿Has visto a los demás? – *BOOM*(De repente, mi corazón se paralizó, y me quedé sin aliento al ver como caía ante mis ojos una de las paredes. Me escondí tras una de las cajas grandes de madera)

Mis oídos pitaban como un en un atasco en una autopista en plena hora punta, aturdida por los pitidos de mil coches a la vez. Mis ojos estaban llorosos, mi corazón a punto de estallar, creía conocer el sentido de la palabra ansiedad, pero me di cuenta0 que no lo conocía tan bien como creía.

Agudicé lo que pude los oídos, pero fue inútil, no oía nada, ni a Mark, ni a los demás, nada… Únicamente un ruido blanco ensordecedor. De repente, el polvo levantado por la explosión y la caída de la pared de pladur se comenzó a disipar, a la par que dos figuras negras contundentes irrumpían en la habitación. Mis oídos comenzaron a destaponarse a una velocidad alarmante en cuestión de milésimas de segundo, y lo que escuche entre estruendos ruidos imposibles de identificar, me heló la sangre…

-¡POLICÍA! ¡TODO EL MUNDO AL SUELO YA!

-… (No podía articular palabra)

-¡He dicho al suelo! ¡Ya!

-¡Quita cabronazo!

Ahí estaba, era la voz de Mark, la reconocí al instante. Yo seguía agachada escondida tras la caja de madera, no me habían visto, ni yo a ellos, excepto cuando vi las figuras disipadas por el polvo. Tras unos instantes de puro terror e indecisión, tome la opción de levantarme con las manos en alto y entregarme. Comencé a ponerme en pie…

– ¡Suelta eso, esto no es un juego, chico!

– ¡Hijos de puta!

¡Era la voz de Mark! ¿Acaso iba a hacer una tontería? No podía permitírselo (en ese momento me pregunté… ¿la vida vale más que los ideales…?)

Comencé a levantarme rápidamente con las manos en alto, erguí mis rodillas, apoyé la mano en la parte superior de la caja, y comencé a ponerme en pie, entonces lo ví. Allí estaba, Mark, con la pistola glock, apuntando al policía. Le miré y grité:

-¡MARK! ¡No lo hagas!

De poco sirvió… Todo pasó en milésimas de segundo… Alcé mi brazo derecho ya de pie (a mí también me apuntaban) y lo estiré hacia Mark poniendo mi mano en señal de alto, indicándole que no cometiera una estupidez.

La habitación estaba plagada de policías del SWAT con equipos profesionales, chalecos y un subfusil con láser de apuntado. Había cuatro o cinco policías en total, no recuerdo bien. Sé que a Mark le apuntaban tres, y a mi uno o dos.

Apenas pasaron unas milésimas de segundo, cuando pasó lo más horroroso que podría haber imaginado, pero a la vez lo más predecible.

-¡NOOOOOOOO! – Grité mientras el policía apretaba el gatillo y soltaba una descarga de plomo en el pecho de Mark.

Las balas de acero y plomo, impactaron en el pecho de Mark como gotas de lluvia de una tormenta abrumadora en un techo de cristal, solo que aquí, las salpicaduras eran de color rojo, un tono oscuro y casi poético. Una oda a nuestro valor, ¿o a nuestra osadía contra el poder? No lo sabía aún, pero en ese momento, no podía pensar en nada más que una cosa, era el final, todo había acabado, y de la peor manera posible.

Quedé helada, cuando la mirada de Mark se cruzó con la mía, sus ojos se tornaban fríos  y en una posición estática, reflejando la vida yéndose de su cuerpo. Mientras tanto, mis ojos envueltos en lágrimas no podían apartar su visión de los ojos de Mark, observando su alma abandonar su cuerpo.

Mark cayó desplomado al suelo, pero para mi sorpresa, el cuerpo del policía que le disparó yacía también en el suelo, con un disparo en la cabeza. A Mark siempre se le dio bien disparar, tenía buena puntería. En sus últimas milésimas de segundos de vida, Mark acertó un disparo en la zona sin protección del casco blindado de la cabeza del policía, atravesando así su cráneo y provocando su muerte.

-¡Usted, al suelo, ya!

– …

Cogí aliento, rabia, odio, dolor e impotencia invadían mi cuerpo y mi corazón. Me coloqué rápidamente con la pierna derecha arqueada hacia atrás, en posición preparatoria como en el inicio de una carrera. Tomé aliento, y comencé a correr hacia el policía que tenía enfrente, como a unos 5 o 6 metros.

-¡ALTO!

Apenas comencé a correr, cuando noté un dolor punzante en el muslo de la pierna derecha. Fue una molestia punzante, como cuando te clavan una aguja en el médico para sacarte sangre, esa sensación desagradable que inquieta a muchos, multiplicada por mil.

No había avanzado apenas 1 metro corriendo cuando volví a sentir ese mismo dolor en el la misma pierna solo que unos centímetros mas abajo que el anterior. Después ese mismo dolor, en el la espalda, y después en el pecho, como si algo me atravesara.

Ahí me percaté, me estaban disparando desde distintas direcciones, y una bala había atravesado mi pecho, disparada desde la espalda. En ese momento comencé a recordar un millón de momentos vividos en millonésimas de segundo, mi vida estaba pasando ante mis ojos.

Caí desplomada al suelo, inhalando mis últimos alientos, sintiendo como me iba de este mundo. Entonces sentí una sensación extraña, experimenté paz, mientras miraba a los ojos a Mark, que yacía a mi lado, pues conseguí correr lo suficiente como para casi alcanzarle con mis dedos. Estiré el brazo hasta alcanzar su cabeza. Utilicé mis últimos segundos de vida y mi último atisbo de esfuerzo físico, en acariciar la cara del ya fallecido Mark.

Sentí como me iba, mientras recordaba, que quizá todo había merecido la pena, al escuchar la radio del policía informando de otros ataques terroristas como represalia contra nuestro grupo. Entonces, y solo entonces, realmente sentí, que Utophy había merecido la pena.

“Podrán matarnos, pero nuestras ideas, perdurarán en el mundo, venceremos”- Pensé por última vez, mientras notaba como me iba de este mundo…

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